Valle-Inclán y el hachís

El obsesivo coleccionista de ocurrencias y dicharadas, De la Serna , escribe: “Presumía de faquir no sólo porque apenas comía, sino porque fumaba haschis [lo escribían y pronunciaban como si estornudasen] y porque tomaba las cosas ardiendo sin inmutarse”; y el nervioso Sender acota un hecho que sucedió entre 1925 y 1930: “Acostado en una enorme cama Valle-Inclán fumaba su pipa de kif [hashish], resabio de los buenos tiempos modernistas. Hablábamos de cosas que no interesan a nadie en la vida ordinaria pero que por eso mismo le apasionaban a él.”

[...]

¿Por qué la consumía? En épocas místicas, para inquirir o simular un trance al infinito, para apresar la añorada atemporalidad de los creyentes; en períodos de arduo esteticismo, para hacer análogas la experiencia literaria y la embriagante, y en todas las épocas, como sin querer lo sugieren Sender y De la Serna , simple y llanamente para saltársela bien, relajarse, retozar y cumplir con una función biológica esencial delHomo sapiens sapiens: evadirse, sin más, de las inconveniencias del mundo que nos rodea.

Estos párrafos están extraidos del ensayo Valle-Inclán y los paraísos, de Jorge García-Robles, publicado en el semanal del diario mexicano La Jornada.

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